¿Entrevistar a Los Hermanos Dalton para un periódico o escribir acerca de “Esperando una señal” (Mad Man Records 2009) en mi blog (semiabandonado) de Pop Madrid? La respuesta estaba clara. Como uno todavía cree (cuando toca creer, claro) en la separación entre periodismo y “tengo una página web y escribo que te cagas”, para hablar de Los Hermanos Dalton me tenía que quitar la máscara: iba a quedar fea una crítica, en prensa “seria”, de su no nuevo disco con términos como “es la hostia; son los más grandes; por qué han esperado tantos años…”.
Y por eso estamos aquí. En Pop Madrid. Para decir que Los Hermanos Dalton son los más grandes, que su disco es la hostia, que por qué han esperado tantos años... A principios de los años 90, el que esto suscribe, no veía más allá de sus narices: Los Flechazos y The Jam eran, gracias a mi hermana (o mejor, a sus varios novios), los únicos grupos a los que hacía caso. Tuvo que ser Álvaro, el segoviano, el que en la Universidad empezara a hablarme de otras cosas: Australian Blonde, Teenage Fanclub, Los Hermanos Dalton…
Así llegaron a mi vida. “Ya están aquí” me pareció soberbio: uno de los discos que más me han marcado. Los latidos de siempre, El crimen del siglo, Sólo por ti, La vía… No sabría qué canción descartar. Comenzaban una relación con Tres Cipreses/DRO que fue bonita mientras duró. Aunque se estrenaron en Mad Man con un disco de versiones (“Luces de Hollywood”), premio por haber ganado el Concurso de Pop-Rock de San Fernando, será con DRO con quien publiquen joyas de pop guitarrero como el mini elepé “Nada suena igual”, “Vitamina D” y “¡¡¡Crash!!!”, todo un puñetazo con trazas hardcore bajo la producción de Kurt Bloch. Ésta sería la última grabación de estudio para DRO de estos isleños ilustres.
A comienzos de la década pasada, todavía con la compañía madrileña, “Una noche más” recogería un directo grabado en Madrid y Sevilla. Se rodearon de colaboraciones de lujo que ponían los pelos como escarpias: José Ignacio Lapido, Josele Santiago, Alejandro ‘Flechazo’, Fernando de Reincidentes, Hendrik Röver… ¿Era el punto final? En absoluto. Siguieron grabando canciones, pero su compañía “de toda la vida”, esos “radiactivos” tan independientes, tan modernos ellos, consideró que Los Hermanos Dalton no tenían que aportar mucho más a la música. Era el turno para los melódicos, los ligeros.
“Esperando una señal” es un disco que llevaba años en el cajón de los Gómez. Sus seguidores sabíamos (os recuerdo que éste es un ejercicio de idolatría, de obediencia debida; de ahí la primera persona) de su existencia: de hecho, en el propio myspace de Los Hermanos Dalton se iban subiendo algunas canciones. Grabado en 2002 en La Factoría Dalton (estudios de Josema Dalton) y producido por ellos mismos, no ha visto la luz hasta finales del año pasado, 2009. Durante estos siete años, de vez en cuando nos surgía una pregunta con regusto melancólico: ¿Qué será de los Dalton? ¿Se separarían para siempre? ¿Volverán a tocar alguna vez? Sí es cierto que en este tiempo siempre se han tenido noticias de los Gómez: un encuentro casual con Josema en un Summercase (con una conversación breve pero cargada de grandes sensaciones. Y emociones), las colaboraciones de Jesús con Champagne o algún que otro concierto: el 2 de abril de 2005 se subieron al escenario de la sala Galileo Galilei y dieron muestras de lo que son capaces. Ya en ese concierto aparecieron con la nueva formación, con Derqui a la guitarra y Paolo ‘Champagne’ a la acústica y a los teclados: a muchos les extrañó esta formación, pero las nuevas canciones pedían a gritos esta composición.
Cuando me llegó a casa “Esperando una señal”, a pesar de haber oído por Internet varias canciones, no pude ponerlo enseguida. Tenía que esperar a escucharlo cuando no tuviera nada que hacer. Y últimamente, el único momento en el que no tengo nada que hacer es cuando voy: voy en el metro, andando, al trabajo, a casa, al cine. Lo sé, no es la manera más indicada de escuchar música, con los cascos, pero es el único instante de relax. Así que, camino del metro, comenzó a sonar A veces. ¡Uf, vaya subidón! 100% dalton. Como todo el disco: los teclados, que podrían echar por tierra la santísima trinidad (guitarra, bajo y batería), no sobran ni faltan; la personal voz de Josema sigue al nivel de siempre; las melodías brillan en toda y cada una de las canciones; las acústicas dan elegancia… Además, han compuesto No queda nada, una de las mejores canciones de los últimos años. Ya pueden dormir con la conciencia tranquila.
Los Hermanos Dalton lo han vuelto a hacer. Y yo, que ni soy objetivo ni quiero serlo, que fui adolescente con los Dalton, que ya pinto alguna que otra cana también con ellos, por momentos soy el tío más feliz del mundo.
