El madrileño Quique González se mueve demasiado pegado a la peligrosa frontera que separa un pop-rock clásico creíble y emotivo de las convenciones más anodinas e insustanciales. Así, su nuevo disco empieza con una gran canción llamada “Vidas Cruzadas” en la que se aprecian preciosas guitarras en la mejor tradición del rock americano de los setenta y ochenta, para, a continuación despistar con un tema, “Justin y Britney” que recuerda al Mark Knopfler más plomizo (sin es que hubo alguno que no lo fue). Este comienzo le deja a uno con una sensación de no saber de qué va esto… y lo malo es que con Quique siempre ha sido así. No se sabe si va de Tom Petty y Steve Forbert o de los Secretos más convencionales, y probablemente lo que sucede es que va de las dos cosas a la vez.
Otro ejemplo: la tercera canción del disco, “El Campeón”, sí es puro Tom Petty. Gran canción, con una letra decente y un sencillo pero efectivo solo de guitarra. Luego hay otras pequeñas maravillas, como “Me agarraste”, en la que Jorge Drexler canta alguna de las estrofas, dando un punto den dulzura extra a una canción amable, muy bonita… Y también piezas más sosas, como “Los Motivos”… y arranques rockeros con garra y chispa, como “Hotel Los Ángeles”…
En suma, el nuevo disco de Quique González tiene lo mejor del madrileño, aunque también algo de lo menos bueno. Y es una pena, porque lo cierto es que cuando acierta, lo hace en el mismo centro de la diana. Hay en este disco canciones que se conservarán como favoritas dentro de unos cuantos años…
