En plena eclosión del “Xixón sound”, Cova, Bea, Natalia, Montse y Eugenia proponían una oferta más amable y dulce que la de la mayoría de sus coetáneos. Nosoträsh ganaron el concurso de maquetas de la revista Rockdelux, con una grabación que incluía la que hoy es una de las canciones más representativas de aquel momento, la saltarina y pegadiza “Voy a aterrizar”.
Diez años después, Nosoträsh acaban de publicar su cuarto álbum, “Cierra la puerta al salir”.
El título del disco es significativo, pero ¿se explica por sí mismo o hay otras explicaciones menos obvias?
Creo que se explica bastante por sí mismo, ya que lo que quiere decir, básicamente, es que le cerramos la puerta a cosas con las que no estábamos a gusto. Es un poco como decir, “Año nuevo, vida nueva”. La frase nos hacía gracia y decidimos poner ese título. Pero sí, además, es que coinciden muchas cosas, situaciones más o menos personales que resulta que también tienen que ver con esa idea, aunque, la verdad, eso ha sido más bien una casualidad; no ha sido deliberado en absoluto.
En cualquier caso, la frase tiene un sentido optimista, ¿no?
Sí, claro; nos referimos a cerrarle la puerta a cosas malas, que no nos gustaban. En un momento dado llegas a una edad en la que ya no estás para según qué cosas, y a ese se refiere…

Igual que ocurría en vuestro disco anterior, “Popemas”, las letras tienen un peso muy sólido…
En realidad, siempre le hemos dado mucha importancia a las letras, desde nuestras primeras canciones. Cova siempre se lo ha tomado muy en serio, y creo que siempre ha puesto el listón muy alto. Supongo que si cantas en inglés, las letras tienen menos importancia, pero si lo haces en español hay que intentar que lo que dices tenga algún sentido. En realidad, es algo natural. Muchas veces cuesta mucho trabajo, pero al final las letras son casi lo más importante. De hecho, creo que siempre podríamos hacer solamente letras, escribir textos, aunque no fueran para una canción. Es algo que nos encanta. Por ejemplo, si cambias una palabra en la letra de una canción, puedes cambiar todo el sentido de la letra…
Quizá eso es lo que más os diferencia de otros muchos grupos con los que habitualmente se os ha emparentado, ¿no?
Sí; musicalmente, muchos de los grupos que hacemos este tipo de pop más o menos básico o sencillo, tenemos muchas cosas en común; unos tiran más por el lado electrónico y a otros nos gustan más los instrumentos digamos tradicionales del pop, pero al final no hay tantas diferencias. En cambio, con las letras sí; no critico a quienes hacen otro tipo de letras, ni mucho menos, pero sí nos gusta cuidar ese aspecto; estamos más cerca de Nacho Vegas, por ejemplo, que es alguien que trabaja mucho las letras.
Por estas fechas cumplís diez años de carrera. Volviendo la vista atrás, ¿cuál es el balance de este periodo?
Hombre, es positivo seguro; si no, lo habríamos dejado hace mucho tiempo. Desde luego, ha habido cosas malas, pero al final las buenas pesan mucho más. Aún hoy, a veces resulta muy duro mantener el grupo; desde hace tiempo tenemos a medio grupo en Madrid y el otro medio en Gijón, y eso hace que las cosas sean a veces complicadas. Tienes que dedicar los fines de semana a ensayar… es muy absorbente, pero desde luego que compensa.
El final de un grupo suele tener que ver con eso, con la imposibilidad de hacer compatible la vida privada de sus miembros con la del propio grupo, ¿no?
Claro, pero nosotras tenemos la ventaja de que desde el principio rechazamos dedicarnos a esto de forma más o menos profesional. En un momento dado tuvimos esa opción, y fuimos muy responsables al decidir que no. Eso hace que ahora sea más fácil tratar de hacer compatibles nuestras vidas con el grupo. A veces es difícil, pero por el momento nos las arreglamos.
¿Os imagináis vuestra vida sin el grupo?
Difícilmente. Sería algo traumático; necesitaríamos alguna terapia o algo para superarlo… no sé, supongo que es algo con lo que hay que contar, pero estoy segura de que si no tuviésemos el grupo todas estaríamos haciendo algo. Yo, por ejemplo, he montado un sello, Lloria Records (“locura” en bable), con el que pretendemos sacar cosas que nos parecen interesantes y a las que nadie hace caso. Para nosotras la música es muy importante, pero creo que eso les pasa a casi todos los músicos; el hecho de tocar en directo es una especie de droga; no conozco a nadie que se haya desenganchado de eso.
Habéis tenido la oportunidad de trabajar en una multinacional y en una independiente; supongo que con Elefant estáis satisfechas…
Sí, es lo que te decía antes; con RCA sabíamos lo que querían de nosotras, lo cual es perfectamente legítimo, claro, pero no nos merecía la pena. Y sí, ahora estamos encantadas, en una situación ideal. Ellos están siempre dispuestos a lo que queramos, y nos sentimos totalmente respaldadas. La verdad es que el hecho de haber estado en las dos situaciones te hace ver las cosas con mayor objetividad, y, desde luego, te hace valorar el trabajo de una compañía pequeña.
Vuestro disco anterior, “Popemas”, sirvió, entre otras cosas, para que se os considerara un “grupo serio”, ¿cómo os tomasteis la respuesta que tuvo?
Fue totalmente inesperado. Para nosotras era un disco raro; de hecho, nos planteamos incluso sacarlo con otro nombre, porque nos parecía una especie de proyecto paralelo. En cierto modo, fue una distracción, como un pasatiempo; es el disco que menos nos costó hacerlo, no como éste último, por cierto, que ha sido como un parto… Así que la verdad es que nos quedamos encantadas con el recibimiento que tuvo. Es cierto eso que dices de que cambiamos un poco de estatus. La gente se dio cuenta de que sabemos hacer las cosas bien; luego te puede gustar más o menos, pero creo que nuestros discos son trabajos bien hechos.
Fotos: Luis G. Morais





