Lo grande que tiene la música es que hay canciones que, aun cantadas en japonés, te pueden emocionar y consiguen evocar con un estribillo estados de ánimo que sería imposible describir con palabras. Luego descubres el significado que esconden las letras, y la misteriosa unión que se había creado entre la música y tú desaparece al convertir lo intangible en algo mundano.
Vamos, que cantando Get it on de T-Rex se te puede quedar cara de tonto si intentas dar un profundo significado a frases como “get it on, bang the gong , get it on”, cuando lo que verdaderamente importa de la canción es su fuerza y no su contenido.
Pero hay veces que sucede lo contrario.
Tras el concierto de Arcade Fire el jueves pasado en el Primavera Sound, volví a escuchar con más detenimiento su disco de début, Funeral, al que había empezado a mirar con recelo después de tanto revuelo en la prensa musical de medio mundo. No está mal, tiene alguna canción notable, pero no es para tanto y además no hay nada más aburrido que la unanimidad -pensaba.
Para esta nueva escucha saqué de la funda el panfleto con los créditos y las letras y ¡magia! De golpe y porrazo las canciones empezaron a tomar una forma totalmente diferente: el pastiche de sonidos que tanto me chirriaba cobró sentido, y música y letras encajaron de repente en un puzzle perfecto.
Con un pié en lo cotidiano y otro en la imaginación más desbocada, los pequeños cuentos de The Arcade Fire recorren el corto camino entre realidad y fantasía que puede existir entre la persona que está tumbada en la cama de su habitación y lo lejano de sus retorcidos pensamientos.
Entendí entonces las comparaciones con Neutral Milk Hotel, que hasta ese momento sólo achacaba a que ambos grupos editan sus discos en Merge, y a que la portada de Funeral podía haber sido la escogida por Jeff Magnum para ilustrar un nuevo disco.
Éstos, maestros en explicar ese viaje continuo de lo concreto a lo infinito en el que vivimos, tan bien reflejado con sus psicodélicas letras sobre Anna Frank o niños de dos cabezas, parecen haber transmitido a The Arcade Fire el secreto de cómo contar extrañas historias sorprendentemente familiares.
Imagino que algo así se te puede pasar por la cabeza si vives en un pequeño pueblo de Canadá y ves nevar por la ventana:
And if the snow buries my,
my neighborhood.
And if my parents are crying
then I’ll dig a tunnel
from my window to yours,
yeah a tunnel from my window to yours.
You climb out the chimney
and meet me in the middle,
the middle of town.
And since there’s no one else around,
we let our hair grow long
and forget all we used to know,
then our skin gets thicker
from living out in the snow.
You change all the lead
sleepin’ in my head,
as the day grows dim
I hear you sing a golden hymn.
Then we tried to name our babies,
but we forgot all the names that,
the names we used to know.
But sometimes, we remember our bedrooms,
and our parent’s bedrooms,
and the bedrooms of our friends.
Then we think of our parents,
well what ever happened to them?!
You change all the lead
sleepin’ in my head to gold,
as the day grows dim,
I hear you sing a golden hymn,
the song I’ve been trying to say.
Purify the colors, purify my mind.
Purify the colors, purify my mind,
and spread the ashes of the colors
over this heart of mine!
