Teenage Fanclub en Mojo

por: guille · 17/Jun/05 09:46 ·
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La revista británica Mojo se dedica mes a mes a escribir excelentes artículos sobre grupos que han cambiado la historia de la humanidad, o que por lo menos poco les ha faltado para ello. Genios atormentados, mentes brillantes, fiestas glamurosas e interminables, hedonismo por doquier… y muchos los leemos con deleite, pues todos los fans del Astral Weeks de Van Morrison queremos saber quién es Madame George, o nos lo pasamos pipa leyendo sobre el impacto que producía ver a Black Flag en el año 81.

Teenage Fanclub, con un carácter tan alejado de los excesos y de la mística del mundo del rock, desacralizan con sus pintas de colegas del barrio, todo aquello que puede existir de mágico en una banda. Por eso es interesante leer en la Mojo del mes de junio sus comentarios sobre siete de sus canciones más emblemáticas. Desde su primer single, Everything Flows, a uno de los mejores temas de su último disco, Only with you.

Por el lugar donde se formaron –Glasgow- y el año en el que empezaron a tocar -1990-, es difícil empaquetarles con otros compañeros de generación para vender una época revolucionaria de la música. Ni ellos, ni The Pastels, ni más tarde Belle and Sebastian, inventaron la rueda. Pero curiosamente Teenage Fanclub sí han sido testigos de los dos últimos fenómenos que se han dado en la música pop: la explosión de Nirvana, a los que telonearon en la gira del Nevermind, y toda la locura del Brit pop, que les pasó por delante de sus narices viendo como su casa de discos pasaba en meses de sacar limitadas tiradas de singles a volverse multimillonarios con el primer disco de Oasis.

Con todo lo vivido, reconforta leer que ven su carrera musical como el cúmulo de pequeñas circustancias, y que casi siempre han tenido los pies en el suelo a la hora de juzgarse a sí mismos y a todo lo que les ha rodeado. El más claro ejemplo de esta naturalidad es el relato de Raymong McGinley sobre el momento en el que escribió About you: viendo un partido del mundial en un hotel en Bélgica, rasgueó unos cuantos acordes en la guitarra que tenía al lado, y por pereza a corregirlo más tarde la canción se quedó así. Sin más. Nada más anodino que eso.

Nunca han sido ni serán un grupo molón, no se han preocupado en la vida por llevar ropa llamativa en las fotos, y siempre han reivindicado grupos que no estaban en boca de todos. Si se hubiesen separado después de la publicación de Bandwagonesque, quizás podrían haber entrado en la categoría de grupo de culto de difuminada biografía, tipo The La’s. Pero su continuidad y regularidad en la publicación de discos, les ha relegado a un limbo donde sus ventas son modestas, pero tienen un buen número de fans. Una posición que les sienta como un guante, pues quien sabe qué hubiera pasado con sus tranquilas vidas si de repente hubieran empezado a vender discos como rosquillas.

La buena noticia es que el tiempo corre para todos de la misma manera y no pasarán muchos años hasta que se les ponga en el sitio que se merecen. Algún día, al lado de una foto de Iggy Pop grabando el Raw Power, aparecerá otra de Raymond McGinley tocando la guitarra en un aburrido hotel belga, y ambas tendrán ese fascinante aura de momento único e irrepetible.

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