No debería pasar desapercibido el nuevo disco de esta banda, tampoco demasiado conocida en nuestro país, por otra parte, ya que los aficionados al pop colorista y accesible se llevarán una generosa dosis de su sustancia favorita si se hacen con él.
Desde luego, no se trata de un álbum imprescindible, ni rompedor, ni impecable… (de esos, se publican muy pocos, ciertamente) Pero sí es un disco bonito, amable, confortable, luminoso… de esos capaces de alegrarte el día si lo pinchas al volumen adecuado en el momento justo.
Entre el pop de garaje con reminiscencias sesenteras y la nueva ola más vigorosa, con algunas derivaciones indies al modo de las Breeders más poperas, las canciones de Dressy Bessy son espléndidas y delicadas muestras de concisión y e inmediatez, propulsadas por un robusto sonido de guitarras y comandadas por la voz dulce pero firme de Tammy Ealon.


