La escucha del primer disco de Las Escarlatinas, editado, por cierto, con el habitual buen gusto y el cuidado por las formas del madrileño sello Siesta, despierta sensaciones encontradas. En primer lugar, recuerda demasiado –por la estética, por las voces y por el tono un tanto ingenuo de la mayoría de las canciones- a grupos que han pasado de ser anecdóticos pero poco molestos a resultar verdaderamente antipáticos.
Felizmente, este disco es un poco más serio, aunque también disfrutarán de él los seguidores de los Fresones Rebeldes y similares –cito solo a los más decentes, que todavía los de Barcelona tenían alguna canción salvable-.
Efectivamente, este singular cuarteto madrileño ha seleccionado un repertorio firmado por nombres de lustre, como El Zurdo o Carlos Berlanga, incluyendo también versiones de Navajos o Belle and Sebastian, y composiciones hechas para la ocasión por Alberto Matesanz (también con reciente estreno en Siesta) y Sergio López de Haro, completando un cuadro colorista y saltarín, cuya escucha no invita a la exaltación pero sí reconforta de forma plácida.
Algunas de las letras, además, están realmente bien, abordando cuestiones tan dispares como la nostalgia por el Madrid de la nueva ola o el fervor futbolístico.
Un agradable disco, en fin, de pop amable y accesible, inofensivo y tonificante.