Después de hacer un montón de buenas canciones con los Loved Ones, banda de culto ciertamente especial, Bart Davenport emprendió una carrera en solitario en la que sigue avanzando disco a disco por el camino del refinamiento y la pulcritud en la composición, el sonido y los arreglos.
Con una voz tan carismática, tan convincente y creíble, Bart tiene media batalla ganada antes de empezar. Además, tiene talento suficiente para haber compuesto, una vez más, un ramillete de bonitas y sencillas canciones pop que, arregladas con su característico buen gusto, dan forma a un disco ciertamente bonito y reconfortante.
Conociéndole ya por sus anteriores trabajos, quizá sea este el menos brillante o llamativo de los tres, probablemente por un exceso del refinamiento del que se hablaba al comienzo de estas líneas. Empieza, por ejemplo, con sobredosis de azúcar, y tira de la bossa un poco a la ligera (aunque nadie podrá decir que “Clara” no sea una espléndida canción). Le puede, tal vez, su pretensión de emular a Burt Bacharach, pero, desde luego, tiene la llave para dar con afortunadas melodías pop.