La verdad es que me sorprendió la presencia de Oasis en el cartel de este año. Más que en su cuesta abajo están, y me duele decirlo, en caida libre. No levantan cabeza desde el tercer disco y ya ni siquiera tienen ese single que te hace albergar alguna esperanza de que vuelvan a ser los que eran.
Sin embargo, ahí están los datos. Llenaron en sus conciertos en España, volverán después del verano, y viendo a la gente entregada, a más de 20.000 personas delante del escenario “verde”, parece que su tirón es indiscutible.
El concierto ha sido “muy profesional”. Salen, tocan el tiempo establecido, entusiasman con algunas de las grandes canciones de sus primeros discos, y a otra cosa. Liam, además, tiene la voz destrozada. Ignoro si es porque le ha pasado factura cantar con la laringe durante tantos años o por una eventual saturación de festivales, viajes y aires acondicionados. El caso es que tenía la voz desgarrada e incluso hacía gallitos cuando hablaba con la gente (y eso que el chico no se caracteriza precisamente por sus grandes discursos), y encima había problemas con el sonido que iba y volvía.
Lo mejor sin duda es escuchar canciones como Rock and roll star, Live forever o Don’t look back in anger (cantada magistralmente por Noel, ¡qué alivio!). Tienen canciones como para tocar dos horas temazo tras temazo (todas ellas de los tres primeros discos y de sus respectivos singles, en los que hay muchas grandes caras B como la mismísima Whatever u otras menos conocidas como Acquiesce o Masterplan), pero no son los Gallagher muy dados a hacer lo que hizo Suede de dar a elegir al público el repertorio. Y por muy fan que seas de cualquier grupo, a doscientos metros del escenario y viéndolo a través de pantallas, es difícil que te llegue de verdad.
Ah, y adjunto una foto que le hizo Ángel a Liam mientras le hacía una entrevista. Es todo entusiasmo.


