Ver a uno de tus grupos favoritos descalzado y repantingado en una cómoda butaca, es sin duda uno de los grandes placeres de esta vida. Lo descubrí el sábado pasado en el concierto que dieron Teenage Fanclub en el teatro Buero Vallejo de Guadalajara.
Hay grupos cuya música requiere una reacción física, convirtiéndose sus actuaciones en una descarga de adrenalina -no me imagino ver a Polysics sentado en una silla sin mover la cabeza de un lado a otro-. La música de los escoceses también es eufórica, pero se saborea mucho mejor de manera tranquila. Así que un teatro fue el mejor escenario posible, por mucho que el sonido no estuviera del todo a la altura o que faltase el calor de los conciertos al uso.

En la hora y cuarto que duró la actuación, Teenage Fanclub se dedicaron a alternar los temas de su fantástico nuevo álbum, con los inevitables clásicos: arrancaron con un 21st Century boy de T-Rex, que al cuarto riff mutaron en Hang on, y de ahí hasta el final le siguió todo un recital de temazos. De la nueva hornada de canciones me quedo con It’s all in my mind, pildorazo que en disco ya se te graba en la cabeza sin remedio, y en directo, gracias a esas voces empastadas a la perfección, te pone la piel de gallina. Más de uno no pudo evitar salir del teatro tarareando una y otra vez el estribillo.
No sobró ninguna canción, pero faltaron muchísimas, lo que evidencia lo sobrado que va el grupo de grandes temas. Si uno se pone a comparar, su cancionero no palidece en absoluto frente al de sus grupos favoritos, los de Big Star, Byrds o Beach Boys, a los que querían imitar cuando empezaron a tocar hace ya quince años.
Teenage Fanclub apenas se diferencian de una gira a otra, a parte de pequeñas variaciones como poder verles en un teatro o las canciones nuevas que puedan tocar. Así que, jugando a caballo ganador, los fans podremos verles en alguna fecha más de la extensa gira que están haciendo por nuestro país:
