Se habla muchas veces de las tres B del pop como cúlmen de la creatividad musical en los años sesenta. Esto es: Beatles, Beach Boys y Byrds, cada uno rompiendo fronteras en sus estilos, imaginando nuevos sonidos e influenciando a millones de grupos.

No ha sido hasta una reciente mudanza cuando me he dado cuenta que, más allá de estos tres grupos, hay un buen montón de los grandes que también tienen nombres que empiezan por esa misma letra. Vale, a la S hay que dedicarle un espacio mucho mayor –supongo que hay más palabras en inglés que empiezan por esa letra-, pero la calidad de la mayoría de grupos que empiezan por B es indiscutible.
A grandes rasgos, archivados en la misma letra nos podemos encontrar con Big Star, Burt Bacharach, Badfinger, Tim Buckley, David Bowie, Bo Diddley, Solomon Burke, The Band… e incluso con dos de los grandes de la chançon francesa como Jacques Brel o George Brassens. Si además traspasamos la barrera de 1976, ya tenemos a grupos de la talla de Blondie, Buzzcocks, The Boys o Barracudas. Y en los 90, aún sin perspectiva histórica como para figurar en las enciclopedias, pero no por ello con menos trascendencia, no bajan el listón bandas como Bikini Kill, Beachwood Sparks o Bum.

Curioso, ¿no? Al final va a resultar que tras la letra B se esconde el secreto de la alquimia en la música pop. Ahora solo queda hacer la lista de grupos malos, o simplemente olvidables, para tirar por tierra esta teoría…
