Allá por 1981, los Beastie Boys no eran más que un grupo hardcore del montón, intentando desesperadamente seguir los pasos de Black Flag, y que apenas se diferenciaba del resto de bandas de teenagers airados de su ciudad. Entre canción y canción, durante los ensayos en algún garaje del barrio, imitaban con un sentido del humor bastante burdo a los grupos de rap que más pegaban en ese momento. Lo que comenzó siendo una mofa, se convirtió en la seña de identidad del grupo.

Para 1986, ya habían publicado un LP bajo la batuta de Rick Rubin, que contra todo pronóstico fue el primer disco de hip-hop numero uno en EE.UU. La historia se repetía, y eran unos chavales blancos quienes se llevaban la gloria de un movimiento negro con años a la espalda y que había producido ya muchas de sus piedras angulares.
Pero lo interesante es ver cómo los Beastie Boys no eran conscientes al principio de la fuerza de sus canciones, pues las consideraban meras bromas. Esta actitud pone en evidencia que la intención de un grupo puede ser completamente opuesta a lo que el público percibe y comprende.
Quienes conocieran el sentido del humor de Beastie Boys, entenderían la broma; pero a los espectadores que poco a poco les iban siguiendo fuera de su círculo de amigos, lo que les llegaba era una alucinante mezcla de rock, hardcore y hip-hop que les dejaba con la boca abierta. Fight for your right, acabó teniendo más peso del que ellos mismos creían, y que fuera fruto de la casualidad no le resta grandeza.

Broken Family band empezaron también como un grupo de broma. Unos ingleses oriundos de Cambridge, que hacían música country como pretexto para escribir letras chorras y que no pensaban que iban a tener trascendencia más allá del local de ensayo. Pero como bien me comentaba un amigo el otro día, la belleza de sus canciones acabó eclipsando ese punto irónico, y el público, fijándose sobre todo en sus bonitas melodías, percibía sus letras y su música desde una perspectiva completamente diferente.
Un buen ejemplo es la grandiosa Living in sin de su último disco, “Welcome home loser”, publicado en Track and field. La historia cuenta como el cantante se enamora de una mujer que realiza ritos satánicos, decidiendo pasar con ella al lado oscuro con el único objetivo de poder beneficiársela. Vamos, una letra más propia de unos imitadores de segunda categoría de los Ramones. En cambio, la melodía es prácticamente perfecta y consigue cambiar el tono estúpido que pudiera tener el tema.

El artista muchas veces no tiene la suficiente perspectiva para apreciar lo que ha hecho. La intención original se transforma una vez la canción llega al oyente, no teniendo lógica que el creador pretenda imprimir una idea única en lo que hace. Una vez que la canción se difunde, es el oyente quien realiza todo tipo de lecturas, siendo estas legítimas y válidas por mucho que el artista no las tuviera en cuenta al componer.
Sin pretenderlo, Broken Family band suenan como si estuviesen tocando en el salón de casa: sin tiranteces, ni poses, ni sonidos rebuscados. Son frescos y divertidos, y tienen una actitud que me recuerda a grupos como Essex Green, que siempre logran alegrarte el día a base de sencillas canciones.
Broken Family band estarán tocando este sábado 5 de noviembre en Castellón, dentro del festival Tanned Tin.
