Después de un largo periodo de sequía creativa y de erráticas aventuras ocasionales con bandas ciertamente poco presentables, el gran Paul Collins vuelve por donde solía con su nuevo disco, el primero que publica en doce años.
Y lo hace gracias a dos factores fundamentales: la recuperación de su inspiración y la alianza con Octavio Vink, guitarrista de excepcional clase y buen gusto que ha trabajado codo con codo con el propio Paul para obtener unos resultados que pocos esperaban a estas alturas.
Pero sí, este “Flying High” es un disco excelente, que tiene además la virtud de tender el puente más lógico y a la vez consistente entre el Paul Collins más clásico y eléctrico, el de los Beat, y el más maduro y apaciguado, lográndose un perfecto equilibrio entre canciones que podrían haber sido firmadas hace veinte años y otras que muestran una faceta más serena aunque igualmente brillante.
Grabado con medios más bien modestos –tal y como queda de manifiesto en las fotos del libreto, Paul convirtió su propia casa en un improvisado estudio de grabación-, el álbum suena sin embargo, absolutamente cálido y cercano, sin perder tampoco energía y pegada.
“Flying high” es un disco real, honesto, que muestra a un Paul Collins en plena forma y ofrece una fotografía muy precisa del personaje y su momento. La gran noticia es que Paul ha escrito su mejor colección de canciones de los últimos veintitantos años, y las ha grabado con una banda ágil, enérgica y absolutamente implicada.

