Nadie es profeta en su tierra. Y si no, que se lo digan a La casa azul que publica su disco en países como Japón o Corea, tiene críticas estupendas en revistas de referencia como Mojo, y por aquí sigue con el sambenito de grupo de tonti pop. Imagino que no poder comprender frases como “caramelos de palo, multitud de colores” ayuda a fijarse más en las melodías y los arreglos, y no tanto en unas letras que de tan empalagosas pueden llegar a producir rechazo.
Algo parecido, pero a la inversa, nos puede pasar a nosotros con grupos anglosajones. Si uno escucha detenidamente las letras de compositores del Brill Building como Carole King y Gerry Goffin, Neil Sedaka o Jeff Barry y Ellie Greenwich, se da cuenta que son letras facilonas sobre amor y desamor, con una exagerada profusión de adolescentes atormentados, destinadas a un consumo masivo y nada selecto. Nosotros nos quedamos más con las melodías y no tanto con unas letras muchas veces más bien tontorronas, que llegan a rimar cosas como still con Bill:
I met him on a Monday and my heart stood still
Da do ron ron ron, da do ron ron
Somebody told me that his name was Bill
Da do ron ron ron, da do ron ron
(Da do ron ron, The Crystals)
Pero también hay que tener en cuenta que tras la aparente mirada infantil e ingenua de canciones como Needles and pins o Will you love me tomorrow, al igual que ocurre con canciones de La casa azul, se esconden historias más personales y con algo más que de lo que a primera vista parece:
Another pleasant valley sunday
Here in status symbol land
Mothers complain about how hard life is
And the kids just don’t understand
(Pleasant Valley Sunday, The Monkees)
Guille Milkyway, único miembro real del grupo, musicalmente también es heredero de esta música pop hecha por grandes compositores pero concebida para ser vendida como rosquillas. Sin poder compararlos por ser contextos completamente distintos -unos reinventan la música popular, y otro simplemente intenta reproducir parte de ese espíritu-, sí que existen similitudes musicales y en la forma de tratar temas tan manidos como las relaciones personales, desde un punto de vista desenfadado que idealiza los sentimientos adolescentes.
El nuevo single de La casa azul, publicado cuando han pasado ya dos años desde que salió Tan simple como el amor, parece conformado por dos temas desechados de aquel magnífico LP: tienen una producción muy similar, algunas melodías son directamente clavadas y sobre todo tienen aquello que diferencia una canción que tuvo el honor de aparecer en el disco de aquella que no: la calidad. Viva (mucho más) el amor y Debería plantearme cambiar, por muy pegadizas que sean, no están a la altura de lo que era ese álbum.
Lo curioso es que por las letras parecen que fueron compuestas posteriormente, lo que sería preocupante debido a la bajada de nivel. Sigue con los mismos ingredientes (bubblegum, soft pop, euro disco…), pero le falta la fuerza y la rotundidad de temas como Superguay, Por si alguna vez te vas o El secreto de Jeff Lynne.
Eso sí, siguen teniendo algunas melodías, algunas frases y varios arreglos que quitan el hipo. Y siempre se agradecen los guiños de melómano que pueblan sus canciones: si en sus discos anteriores se dedicaba a nombrar a todos sus grupos favoritos (desde Tommy James hasta Ben Folds Five o Chris Montez), en el nuevo single, tira más hacia los guiños musicales en forma de coros o arreglo instrumental que recuerdan a gente como Beach Boys, Big Bopper o Elton John.
Si viviera en Suecia, Guille Milkyway habría producido ya a algún grupo tipo Ace of base o Roxette, y todas las majors norteamericanas se pelearían por llevárselo a producir hits en cadena para Britney Spears o Ashley Simpson. Vamos, la misma forma de composición en cadena que la gente del Brill Building o de la Motown tan bien sabían hacer.
