Bueno ya que últimamente en los blogs de Popmadrid arrasa la nostalgia y que alguien nombró a la mítica sala Canciller en el gran post de Nacho B. Sola sobre los gastos de distribución en los conciertos, reaparezco tras un largo silencio para hablar de la sala Canciller que conocí siendo muy (demasiado) chico y que me trae muy buenos recuerdos.
Primero deshacer algún equívoco, alguien decía que El Canci (que así se le conocía) lo habían quitado para poner unos cines, pues bueno, no, el cine Canciller compartió existencia durante cierto tiempo con la discoteca que estaba un poco más arriba en Alcalde López Casero, cerca ya de Alcalá y al ladito de una tienda de discos especializada en lo jevorro, no podía ser de otra manera. El Canciller lo cerraron por las continuas quejas de los vecinos, si estaba insonorizado, que yo creo que no, la insonorización era muy cutre, eso y las reticencias de la gente por las pintas y el consumo callejero de litronas de los por otra parte muy pacíficos jevis forzaron el cierre y posterior traslado de la sala a San Blas.
Lo primero que me llamó la atención la primera vez que fui al Canci fue lo cutre que era, uno había oído hablar tanto del lugar que me debía imaginar que era el no va más, pero no, la decoración escasa, cuatro pósters y la pantalla de video de delante de la pista (esto merece párrafo aparte), la mayoría de los camareros parecían sacados de un casting de una peli de Santiago Segura, y ya lo más eran las copas, vasos de plástico, refrescos de surtidor y unas marcas de bebida que ni las del Lidl, pedirse una copa era una aventura, a saber que te estabas bebiendo.

Pero si el sitio era cutre, que lo era, también era entrañable hasta decir basta, la planta de abajo tenía una pista de baile no muy grande (el sitio además de cutre era pequeño para ser una disco), en el centro justo, debajo de la pantalla de video en la que proyectaban videos (lógico) de las bandas de éxito del momento, allí no sonaban demasiado Black Sabath, Deep Purple y demás lumbreras del rock duro, ni tampoco eran lo más los desvaríos guitarreros del Malmstean, allí cuando se disfrutaba de verdad y las melenas saltaban al viento, arriba-abajo, arriba-abajo ....., era cuando sonaban los hits de jevi pastel del momento, esos Stryper, Poison, Bon Jovi, Europe, Scorpions ... Aquello era divertidísimo, y verlos a todos tan duros, con sus muñequeras, sus camisetas sin mangas, sus botines y sus largas melenas (las rubias ligaban más, pero eran pocas) hacer el chorra con canciones tan pasteleras era impagable. Además como había que volver prontito a casa apenas podíamos estar un par de horas como mucho y no daba tiempo a aburrirse.
Otra ventaja (aparte de que estaba muy cerca de mi casa) era que podías estar tranquilo sin miedo a pisar o empujar a alguien y que hubiera bronca, los jevis eran tranquilísimos, sin malos rollos un ‘perdona’ bastaba, no como en las discos pijas de moda que estaban llenas de niñatos buscando que les rozaras para pelearse.
En fin que yo apenas fui unas pocas veces, lo pillé tarde y llegó el traslado a San Blas, y para un chico de barrio de clase media y de colegio de curas (izquierdosos pero curas) San Blas era en esos días territorio comanche y no volvimos a ir más.
Sirva esto como homenaje a los hoy en día casi extintos jevis. Termino con un trozo de la canción “Hermano del Rock" de Los Empresarios (pronto tendrán su sitio en mi Blog) que define perfectamente la situación actual del JeviMetal.
“... qué saben esos muchachos de la discoteca como quemaste el Canciller, como si fueras a empezar otra gira, los modernillos en el punto de mira, edad dorada que ya pasó, llegaron modas, tanta gente renegó”.
“Recuerdas con escalofríos notas de aquella balada, uno tras otro todos se reciclaban, tú no, tú ni una sola camiseta con mangas, la reedición está al caer, y hoy se mantiene viva la llama en algún taller de la FP y en los núcleos urbanos con menos de cinco mil hay chavalada que aun no se avergüenza de ti”.
