
Llegan las Navidades y de todos es sabido que algunos artículos de lujo se disparan como la espuma (las siempre recurrentes pero nunca degustadas angulas). Pero no sólo los artículos más exquisitos alcanzan precios imposibles. También productos más convencionales como el pavo, las uvas o los Strokes hacen su agosto por estas fechas. En el mercado de la calle Jardines, el pasado sábado, los consumidores estaban deseando, por aquello de la exclusividad, saborear un plato de lo más cool de Manhattan.
Pues bien, con toda la mercancía vendida, cientos de niños bien de la calle Velázquez (y, seguramente, de más allá) llegaron a ofrecer 200 euros por una entrada cuyo precio oficial era de 20. Al menos en mi puesto, ya que, en algún otro, lo ofertado consiguió cambiar de manos por la friolera de 250 euros. Con todo, uno se adentró en la cocina para darse un correcto banquete, muy lejos del atracón que se dio después a varios kilómetros de allí.
La banda neoyorquina ofreció un recital para presentar los nuevos temas del inminente disco (First impressions of heart) que verá la luz a comienzos del año que viene. Algo fríos los entrantes, el quinteto fue cogiendo temperatura cuando empezaron a caer temas de sus anteriores trabajos. El sonido de la banda fue realmente bueno (¿de verdad hace falta meter con calzador en El Sol dos mesas de sonido espectaculares cuando la sala madrileña disfruta de uno de los mejores sistemas de la capital?); mientras, la voz de Casablancas hacía honor a los discos y, a pesar de lo que ha leído uno por ahí sobre que no estaba en un buen momento vocal, el Macaulay Culkin del hype más hype (¡qué palabra más fea, pardiez!), arrastraba sus temas por la sala. Los jovenzuelos, desatados, los fotógrafos*, protestando, y los que allí fuimos para ver lo que caía, agradecidos por no tener que tomarnos un Almax Forte a la salida.
Lo que la gente (por llamarlos algo) ha sido capaz de ofrecer por una entrada de Strokes me hace pensar hasta qué punto está desprestigiado esto de la música. Sí, cada vez hay más discos, cada vez más conciertos, cada vez más acceso (legal e ilegal) a la música. ¿Dónde estará el límite? El otro día, cuando me daban 200 euros por mi entrada (joder, es que por primera vez en mi vida creí ser alguien. Baja estima que tiene uno), me dieron ganas de decirle al chaval: “¿Te gusta el rock&roll? Pues mira. Te coges los 200 euros, te vas al Gruta 77, y por 10 euros, con un cd incluido, ves a dos pedazo de bandas. Los otros 190 te los puedes gastar en drogas, alcohol, más música, o en lo que quieras”. Sí, dos bandas de auténtico lujo (vaya manera de enlazar, ¿eh?): Maybe Tonight, otrora Spanky Darth Vaders, y Mallory Knox. Vale, puede que al pijo de la calle Velázquez le horrorizaran estos grupos, pero por lo menos, que tenga la oportunidad de saber sobre ellos.
Maybe Tonight presentaron nuevos temas que, sin alejarse demasiado de su propuesta como SDV, sí que se echaban de menos. Y un lujo la primera actuación de la nueva bajista (últimamente me ha entrado, dentro de mi suprema ignorancia musical, fijación por las actuaciones y el sonido que emiten estos hombres y mujeres pegados a sus cuatro cuerdas). Tras ellos Malloy Knox presentaban nuevo disco, “No basta respirar”. El cuarteto (quinteto durante el bolo con un anexionado Pato Girlfriend de lujo), parece haber abandonado sus composiciones en inglés y se lanzan al castellano con una rapidez exquisita. Un 10 a temas como “Punk rocker”, “Historia del rock&roll” o “Mi ritmo”. Además, una estupenda versión (también en el disco) de Paul Collins, “You want be happy” y la colaboración, en la creación de gran parte de los temas, de Indio Gruta 77. Siempre es un buen momento para empezar con Tarzán.
*Si no lo digo, reviento. Y sí, no os equivocáis los que me conocéis pensando en que esto es una pataleta por no haber podido hacer fotos, porque lo es. ¿Dónde están la mayoría de los fotógrafos (vale, sus medios), el resto del año? No se puede presentar uno en un concierto, sin saber lo que se va a encontrar, con el equipo mínimo. Allí estaban ellos, tirando desde la distancia sin un mísero tele. Además, si te dicen que hay que hacerlas sin flash, pues es sin flash. ¿Qué parte no entiendes de “sin flash”, pequeño hombre de cromañón?
