Algo tan difícil de conseguir, como un disco completamente redondo, se le puede volver a uno en contra. Comenta la paradoja Paul Collins en una interesantísima entrevista en el Ruta 66 de este mes: “Había gente que decía que el problema del primer disco de The Beat es que no tenía un single claro que destacara sobre los demás”.
Leyendo la entrevista me puse a pensar en discos recientes de esos en los que todas las canciones, de la primera a la última, fueran perfectas. Y no solo eso, también que el orden tenga su sentido, que los arreglos estén en su sitio y que nunca te canses de escucharlo, como me ocurre con el primer LP de The Beat, que es sin duda uno de mis discos favoritos de todos los tiempos.
Me vino a la cabeza The coast is never clear, el tercer álbum de los norteamericanos Beulah. Este disco, estando estilísticamente bastante lejos de The Beat, sí comparte con ellos una frescura que te hace pensar que escribir la canción pop perfecta es algo sencillísimo. ¿Cómo es posible que esas melodías hayan estado siempre ahí y nadie las hubiera utilizado antes de esa manera?
La historia del disco es curiosa: resulta que Miles Kurosky, cantante y principal compositor de la banda, se fue a vivir a Japón unos meses y desde allí mandó cintas con canciones al resto del grupo, para que fueran desarrollando por su cuenta las partes instrumentales. Donde unos vieron una canción soul, otros sacaban un arreglo para banjo, mientras que al batería se le ocurría una percusión con maracas.

Ese hándicap de no poder dar forma a las canciones al mismo tiempo, seguramente tenga bastante parte de culpa de la originalidad del disco. Las canciones son ricas en matices, algunas parten de una base bossa nova, otras tienen una caja de ritmos de fondo y muchas están adornadas con trompetas mariachis en los estribillos. Es cierto que luego puedes encontrar mil plagios y guiños, desde los Rolling Stones a The Turtles, pero al fin y al cabo es un ejercicio de reciclaje hecho con personalidad.
A parte de las melodías (¿quizás demasiado acarameladas? Reconozco que he dejado este disco a gente que tanta melodía se le ha atragantado), el disco es un compendio de frases geniales, como ese guiño a los Magnetic Fields en Popular mechanics for lovers:
I heard he wrote you a song, so what?
some guy wrote 69, and one ain’t just enough
Y sigue con ese tono a lo largo del disco, con unas letras derrotistas, cargadas de ironía, en la que se ríe de sus desgracias y de las de los demás.
Famosos por las broncas internas, Beulah se separaron tras la gira europea en la que presentaban su también grandísimo Yoko. Ese disco dejaba en un segundo plano la brillantez pop y sacaba a relucir una épica decadente, que en realidad era la crónica de una muerte anunciada.
Miles Kurosky sigue haciendo música y seguramente no tarde mucho en publicar el disco en solitario que está preparando. Y de la misma manera que Paul Collins se siente orgulloso de aquel primer Lp de The Beat, Kurosky podrá hacer lo propio cuando con el paso de los años se acuerde de este genial disco.
