El Sol reunía el pasado viernes, por la irrisoria cantidad de tres euros, a dos bandas orientales con sede en los aledaños del Dos de Mayo. Las triadas, representadas por Tres Delicias, y la yakuza, que en esta ocasión enviaron a Harakiris, se vieron las caras en una cita de delincuencias sonoras.
Tres Delicias son tres: dos guitarras y un batera con caja y timbal, supliendo éste el ritmo del bajo, que desgañitaron durante cerca de treinta minutos su compendio de eso que las huestes llaman punk blues. Como si de un Jon Spencer instrumental se tratara el trío dio salida a una sucesión de canciones que puede que no gusten a algunos por su ejecución o por la voz de los cantantes, pero que sorprenden por la propuesta, poco vista por aquí. Sin trampa ni cartón, Tres Delicias no pretenden engañar a nadie diciendo lo maravillosos que son, lo bien que tocan o la grandeza que desprenden sus voces. Son simplemente tres amigos a los que les gusta tocar, sin más. Espíritu punk: do it yourself y al que no le guste, que se joda.
Por su parte, Harakiris jugaban en casa: con el inefable Carlos del Amo (ex Nitros, Balboa) a la guitarra, esta gente (trío también) derrumbó ciertos tópicos de la música surf e instrumental y dio un recital de algo que podría denominarse hard surf. A ello colaboraban el sonido brutal del bajo (a ver quién era el guapo que le decía a Willy, técnico habitual del Sol, que se bajara un poquito) y la ocurrencia de Del Amo de tocar casi todo el concierto con una Gibson Flying (una flecha, vamos), con un sonido de guitarra más cercano a Van Halen o a Def Leppard, que a Ventures o The Shadows. Con todo, también por el sonido conseguido, nada clásico para el surf, Harakiris gustaron a algunos y a bastantes.
