Escribo desde una habitación donde he pasado toda mi vida consciente y que ahora está, siendo benevolentes, devastada. Quizás cuando escriba la próxima entrada ya no sea mía sino de alguien que apenas tiene, los ha cumplido hoy, seis meses de vida. Si giro a mi derecha veo unas columnas de cajas de cd vacías. Están en la carpeta que llevé a Cartagena para pinchar y ya no han salido de ahí. El sábado que viene y el otro vuelve a tocar, en Barcelona las dos veces. Es perder el tiempo volver a meterlos.
Han caido casi al azar. Nikki and the Corvettes, Telegrama, los Monkees, una recopilación pirata de nueva ola americana, los Rubinoos. También está el de Marlo. Éste es nuevo y ha quedado ahí, cerca de mi mano que ha ido del reproductor a un sitio que me ha parecido protector para él. También hay una copia en VHS de "El espíritu de la colmena" que me prometí revisar un día de éstos.
A la izquierda, sobre el giradiscos, quizás el último pedido que me haya llegado aquí. Son vinilos, ¿cuál sería el primer vinilo que escuche yo en este aparato? En todo caso sé cuales son los últimos. Los Kicks, los Remains, el lp perdido de los Redcoast. El último pedido de esta habitación
Más a la izquierda mi antigua biblioteca. Algunos de los libros ya están en su nuevo hogar, pero aún quedan supervivientes. Echo un vistazo. Está la balda de los de música, prácticamente sólo quedan ésos. El de Vicente Fabuel y el de Ricky Gil. Los que editó Rock Indiana. Alguno sobre cantautores. El que Ramón de España dedica a la nueva ola y bastantes de los sesenta que he podido ir comprando en mercadillos. Los viejos compañeros de la colección El Juglar. También veo videojuegos, el Train Simulator que me ha hecho recorrer fantasías aventureras.Y cerca de la puerta y con el cuello forzado, tirado al desgaire, el cd de El Guateque que he reseñado para el Efe Eme
Esto es lo que ha sido mi vida. Y ahora poco a poco voy haciendo bolsas de ella para dejar esta habitación libre. Lo primero que entrego a mi hija. Quizás haya quedado algo de lo que aquí tembló. Aquí sono el "Para ti", aquí leí con los ojos abiertos durante noches enteras "Ada o el Ardor", aquí traspasé mujeres de palabra y de hecho. Aquí es donde una cercana tarde escuche por primera vez "En el corazón" y "Siete años más o menos" y algo en el aire mantenía esa sensación de las primeras veces. Lo que ocurre ahora es que no sólo me enamoro de una canción, ahora la saco a pasear.
Me llamo César y prometo no hablar aquí nunca más del pasado. Todavía sigo enganchado al tabaco y a las canciones. Sé que no debería pero los dioses me han forjado así.
