Millones de nombres te pueden venir a la cabeza al intentar definir la música de The Soundtrack of our lives. Y es cierto que no son más que unos continuadores de una tradición musical en la que los mejores maestros ya hicieron todo lo que había que hacer, pero es un grupo que tiene el don de no sonar a un refrito más ni de quedarse en un mero acto de nostalgia.
Que el pasado martes en Madrid, en un concierto de trámite, con medio aforo y sin presentar material nuevo dieran el concierto que dieron, sólo está al alcance de unos pocos. Quizás se percibía cierta desgana en los músicos debido a la rutina de las giras, pero el sonido fue perfecto y el repertorio a la altura de los grandes. Si bien no es lo mismo escribir A house is not a motel en el 67 que Nevermore en el 2001, es indudable que tienen canciones que son ya clásicos. Y pocos grupos pueden presumir de tener una obra maestra como es su disco Behind the music.

Me habían dejado bastante frío en su primera visita a nuestro país hace justo un año. Demasiada pose rockera, tics de guitar heroes y un sonido pésimo, más que por problemas de la banda, por culpa de la sala Arena, donde es casi imposible disfrutar de un concierto en buenas condiciones. En Acqualung, menos pasionales pero más conjuntados, enmendaron lo que para mí había sido un patinazo haciendo que me volviera a enamorar de algunas canciones que tenía bastante olvidadas.
Temas de Origins vol. 1 que apenas había hecho caso, como I believe I found o Big Time me sonaran a gloria, con un volumen brutal y una precisión asombrosa a la hora de controlar la intensidad de las diferentes partes (mérito sobre todo de un teclista superdotado). Sister surround y Instant repeter 99 fueron coreados como los himnos que son y cerraron la actuación con una versión de Iggy Pop, el numerito de bajada del escenario en Nevermore y una apoteosis final de decibelios.

El concierto lo habían abierto un par de horas antes Sloan, que dieron un concierto correcto, también con los potenciómetros de sus amplificadores al máximo. Los canadienses deben tener en su local de ensayo un altar a los Who y otro a Sweet, dando como resultado algo así como unos Redd Kross de riffs más pesados y contundentes. Una pena tener que compartir cartel con TSOOL pues tras el espectáculo de éstos, quedaron reducidos a una banda casi de juguete.
Fotos: Nacho Ballesteros (muchas gracias!)
