Pasmado me tienen los Arctic Monkeys o, más bien, su público, que parece haber descubierto -una vez más- la octava maravilla del pop. Esta semana han batido todos los récords despachando más de 360.000 copias de su disco de debut en sus siete primeros días de presencia en las tiendas.
¿Es para tanto? Desde luego que no. El otro día estuve escuchando el disco de cabo a rabo y es de una vulgaridad ciertamente irritante. No es que sean directamente horribles, pero conozco un montón de grupos de nueva ola de tercera fila que tienen canciones mucho mejores que las suyas.
Comprendo que haya gente que por edad o por lo que sea no tenga muchos conocimientos de la cosa y flipe con ellos, y de hecho, me parece muy saludable que la gente joven prefiera a los Arctic Monkeys antes que a otros miles de productos comerciales infinitamente más detestables, pero que la crítica los ensalce de esa manera no deja de llamar poderosamente la atención.