Recopilo algunas opiniones de Luis Buñuel sobre música:
“De joven, toqué el violín, y más tarde, en París, rasgueé el banjo. Me han gustado Beethoven, César Frank, Schumann, Debussy y muchos otros.”
“La relación con la música ha cambiado totalmente desde mi juventud. Cuando con varios meses de antelación, se nos anunciaba que la gran orquesta sinfónica de Madrid, de excelente reputación, iba a dar un concierto en Zaragoza, se apoderaba de nosotros una agradable excitación, una verdadera voluptuosidad de la espera. Nos preparábamos, contábamos los días, buscábamos las partituras, las tarareábamos ya. La noche del concierto, una alegría incomparable.”
“Hoy, basta oprimir un botón para oír al instante, en la propia casa, todas las músicas del mundo. Veo claramente lo que se ha perdido. ¿Qué se ha ganado? Para llegar a toda belleza, tres condiciones me parecen siempre necesarias: esperanza, lucha y conquista.”
“Hay un instrumento infernal, que podría realmente haber inventado el diablo, o un enemigo de la humanidad: la guitarra eléctrica. Que época diabólica la nuestra; la multitud, el smog, la promiscuidad, la radio, etc. Yo volvería encantado a la Edad Media, siempre que fuese antes de la Gran Peste del siglo XIV.”
En referencia al personaje de “Simón del Desierto” dice: “Los hippies podrían haberlo nombrado su santo patrón y llevar medallitas con su imagen. Pero, ya ven ustedes en nuestro tiempo los hippies fracasaron. Y a muchos de ellos los fascinó también el ruido, el rock, la guitarra eléctrica y otras cosas demoníacas.”
“Quizás soy anarco-nihilista…. Pero pacífico. Mentalmente puedo colocar bombas en muchos sitios: en un ministerio, en una fábrica, en un embotellamiento de automóviles, en un lugar de esos donde se oye música a todo volumen. Ahora, a lo único que yo me afiliaría sería a la sociedad protectora de animales. Pero también me gusta ser dictador y aplicar unas cuantas penas de muerte. Mentalmente, insisto. “¿Qué hacía ese jovencito?”….”Majestad, tocaba la guitarra a tantos decibelios”…”Pues ¡a la guillotina!”.”
“Una de las grandes melancolías de mi final de vida es no poder oír la música. Desde hace ya tiempo, más de veinte años, mi oído no puede reconocer las notas… como si las letras se intercambiaran entre sí en un texto escrito, imposibilitando la lectura. Si algún milagro pudiera devolverme esta facultad, mi vejez se habría salvado, la música me parecería una dulcísima morfina conduciéndome casi sin alarma hasta la muerte. Pero, como último recurso, no veo más que un viaje a Lourdes.”
Genio, razón y figura hasta la sepultura.
