Sería una triste noticia que Nosoträsh se tomaran vacaciones de sí mismas y perdieran la buena forma en la que se encuentran ahora. Son más de diez años haciendo discos mágicos, entrañables, dadaístas e incluso emocionantes. Desde ‘Nadie hablará de...’, hasta el reciente ‘Cierra la puerta al salir’ pasando por ‘Mi vida en un fin de semana’ o ‘Popemas’, una década de duro trabajo que ahora las trae adultas, profundas e irresistibles.
En mi opinión, una de las asignaturas pendientes de las gijonesas siempre fueron los directos. A veces dubitativas, otras, algo inconexas, Natalia y demás compañeras de viaje no parecían encontrar la fórmula para transmitir la ‘grandeur’ de sus canciones. Hace tiempo que ese punto timorato lo dejaron aparcado. Unos meses antes, en El Sol, en fiesta patrocinada por Pop Madrid, ya dejaban ver sus intenciones: una actuación simpática y familiar, con algunos altibajos pero con la seguridad de alguien que se sabe cómoda sobre un escenario. El otro día en Moby Dick, la dorsal de Nosoträsh, Natalia, Bea y Cova, con el 'chiquito' Vegas ausente por bolo con Manta Ray, y con la ayuda de la otrora 'nosoträsh' Malela (en Garzón y Le Mot, interesante proyecto con el que teloneó esa misma noche) y de la 'garajera' Mar (Pauline en la Playa), el concierto de la sala madrileña fue el mejor que un servidor ha vivido hasta la fecha de las asturianas. Empezaron con ‘Sintasol’ y los temas se alternaron con las ocurrencias de las buenas mozas, jam session incluída de ‘Margarita se llama mi amor’.
A favor de Nosoträsh hay que decir que se versionean a ellas mismas, que no se limitan a repetir los cortes de sus grabaciones. Oyes las canciones y sí, te recuerdan a sus discos, pero aportan en vivo la gracia de ponerles otro disfraz. Es de agradecer. Nosoträsh llevan más de dos lustros en este negocio y parece que es ahora cuando consiguen una victoria largamente trabajada.
Fotos: pues yo mismo. Claro.
