Corría el año 1978, cuando una chica de 25 años (osea, mi tía) se fue de viaje de estudios a Londres.
A su vuelta, le trajo a un crío de 11 años (osea a mi) un LP de 4 americanos chalados que por aquel entonces despuntaban en la City.
Se llamaban Talking Heads y el LP “more songs about building and food”; no era el primero ni seguramente el mejor, pero para ese crío acostumbrado a escuchar a Abba y a Boney M (el que esté libre de culpa que lance la primera piedra) fue el descubrimiento de la música.
Esas “pequeñas criaturas” lideradas por ese “asesino psicótico” fueron los causantes de que el crío en cuestión al llegar a los 14 años evitase frecuentar las discotecas y en su lugar se pasara los sábados enteros en la C/ Tallers de Barcelona, de tienda en tienda comprando discos (de segunda mano claro, la semanada no daba para muchas alegrías).
Así que, este fin de semana, después de estar escuchando este disco hasta la saciedad entre lagrimillas, quiero reivindicar el papel de canciones como “thank you for sending me an angel” o “i’m not in love” en lo que ahora se quiere hacer llamar requetepost post punk, llámese Franz Ferdinand, Block Party, Hard fi...
No es el mejor disco que tengo, ni siquiera es el primer disco de los Talking Heads, pero es “mi primer disco” (exceptuando los singles de los Kinks heredados de mi padre claro).
