
The Pastels (+ Tenniscoats) concierto en Point Ephémère, París. 07.09.2009
Está a punto de empezar el prometidísimo pero frugal regreso de The Pastels. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Incluso si Tenniscoats es el grupo promesa que abre el concierto. Deja que se esfumen en lo indistinto los blogs, las críticas, las entrevistas, la Wikipedia: todos los que prometen que Tenniscoats prometen.
Adopta la postura más cómoda: escucha dos discos del grupo y descríbelos con ignorancia y pretensión como si The Pastels y Kronos Quartet hubieran tenido un hijo con El Perro del Mar como vientre de alquiler… y luego ella lo hubiera dado en adopción a Kenny G, en Japón.
Difícil encontrar la postura ideal. The Pastels tienen tanta fe en Tenniscoats que los han fichado para Geographic (su label en Domino Records), grabaron disco juntos, se los llevan de gira, y les ponen casa propia si es necesario. Tú, como la marabunta dandi que espera afuera del Point Ephèmère, eres demasiado impaciente y prefieres aburrirte al aire libre que humillarte ante los teloneros.
No es que esperes nada particular de The Pastels en particular. Tú y estos treintones fashion, por principio no esperan ya nada de nada. Esta pandilla de barbones con camisetas raídas de Daniel Johnston, de desvalidas con vestidos de segunda mano de Lacoste. Esta generación tuya que muerde al grupo indie que le da de comer, sabe que lo mejor que uno puede esperar es evitar lo peor.
¿Y la música? Precisamente porque lo has excluido en cualquier otro terreno, crees que es justo concederte aún este placer juvenil de la expectativa en un sector bien circunscrito como el de la música, donde te puede ir mal o ir bien, pero el riesgo de la desilusión no es grave.
Has visto en Last.fm que The Pastels volvían. Has comprado con dos meses de anticipación tu e-ticket. Has hecho bien. Siguiendo las recomendaciones de eventos personalizadas te abriste paso entre la tupida barrera de Grupos Que Nunca Has Visto En Concierto Porque Cuando Estaban De Moda Tú Aún No Eras Twee Ni Indie Aunque Ahora Digas Que Sí, que te miran ceñudos tratando de intimidarte.
Pero sabes que no debes dejarte imponer, que puedes sobrevivir hablando de oídas, repitiendo lo que otros dicen. Sabes que entre ellos se despliegan hectáreas y hectáreas de Grupos Que En Concierto Saturan La Sala Con Solos De Guitarra De Quince Minutos Y Te Da Igual Que En los Noventa Hayan Sido Decididamente Influyentes. O bien de Grupos Que Siguen Con El Ukelele y La Melódica Y Que Ya Te Gustaría Verlos Con Una Guitarra De Doble Mástil.
Y así superas el primer cinturón de baluartes y te cae encima la infantería de los Grupos Que Tocan Como Si Calexico No Existiera,
Grupos Que Suben Al Público Al Escenario Y Cantan Con Ellos,
Grupos De Electroclash (Sí, A Estas Alturas),
Grupos Indie Cuyo Nombre Incluye Las Palabras Pony, Kevin, Casio O Algún Nombre Femenino Francés,
Grupos Cuyo Vocalista Canta Subido En Un Caballo Blanco O, En Ropa Interior, Lanza Muffins Al Público.
Morrissey.
Beyoncé.
Ya en la sala te liberas de las colas para el baño, para el bar, para entrar y salir y con rápidos zigzags penetras de un salto en la ciudadela de los pins, vinilos, tazas, camisetas y bolsas de tela vendidos en una bicoca por Katrina Mitchell y Stephen Pastels themselves como marca el protocolo indie. (Ya te enseñará el futuro próximo a no reducir a este par al arquetipo del grupo indie. Cuando, más por coincidencia que por perseverancia, te encuentres aceptándole cervezas a Katrina Mitchell y hablando más de su cine-club en Glasgow y los hijos de su hermana que de cualquier cosa remotamente C-86 o My Bloody Valentinesca. Y tu caso no será único, basta pasearse por los blogs, para saber que más de uno ha comprado su discografía Pastels de primera mano o ha paseado por Glasgow guiado por Stephen)
Es un placer especial el que te proporcionan los primeros acordes de un concierto, la expectativa de reencontrar lo conocido, las canciones que has cantado por años, que han inspirado a los grupos que han inspirado a los grupos que te han inspirado. Tú ya no esperas tropezar con una novedad auténtica, que habiendo sido novedad una vez, continúe siéndolo para siempre. Tú te has apropiado de esta música haciéndola banda sonora de tu adolescencia y deseas que continúe así.
El concierto empieza y nos damos cuenta de que, por supuesto, son The Pastels y Tenniscoats, como un único dreamteam con Gerard Love-Teenage Fanclub como bajista. Esto no será The Pastels Greatest Hits y tendrás que vivir con ello.
Stephen P. se disculpa, el amplificador hace un ruido extraño y constante, como un generador eléctrico que mantiene en pie el hotel de Mogambo (por decir algo). Stephen P. se queja, demasiado calor para un grupo de escoceses, pide que le sieguen la cegadora. Lo primero se soluciona, Stephen anuncia una versión de The Jesús and Mary Chain que parecía estar escrita para bajo, guitarra y generador eléctrico. Lo del calor no. La cara sin edad de Stephen Pastels que de cerca parece maquillada con polvo de arroz, empieza a derretirse para mostrar que veinte años después.
The Pastels es un grupo invernal y también lo son tú y este grupo de críticos musicales de habitación, de diletantes, de abandonados a su propia suerte, este grupo que ostenta la superioridad moral musical como religión y que hoy has identificado como colegas generacionales.
- Hello nouveaux amis- dice con tino Saya, vocalista de Tenniscoats, que es como canta: Heidi veinte años después, intentando superar la orfandad y los reveses de la adolescencia, luchando por limpiar Abuelito Dime Tú de toda autocompasión.
Y jurarías que hay algo en las voces de adolescencia perpetua de The Pastels, de caricatura de Miyazaki de Tenniscoats, en la sola presencia de Gerard Love, que suena a clímax de película de John Hughes en su versión más noisy y sudorosa. Tres encores, aplausos, aplausos, Nothing To Be Done, lágrimas, puños al aire. Y luego los pero-tocaron-tan-poco-Pastels, pero-que-voz-más-irritante-de-la-japonesa. C'eravamo tanto amati, piensas.
Sin embargo, nada aquí es como lo esperabas, las canciones son nuevas. La nostalgia se acabo. Y quizá, los únicos que no se aferran a su adolescencia sean justo ellos. Que siguen descubriendo y promoviendo música que no se les parece, que se van a dormir a buena hora y se apuntan a cualquier cosa nueva con generosidad y curiosidad. Sonic Youth admira a una de las asistentes en una organización caritativa para la educación sexual y prevención del VIH y The Vaselines no existirían sin la iniciativa del dueño de una tienda de discos que envejece contra toda predicción, que hace a sus amigos viajar catorce horas en coche porque no le gusta el avión.
¿Es una desilusión? Acaso al principio te sientes un poco desorientado, pero después prosigues y adviertes que con independencia de lo que esperabas, se abre una nueva etapa que te intriga, que debió haberte llegado hace años pero que llega ahora, te hallas ante algo que aún no sabes bien qué es. Será que, contra toda predicción, te has hecho adulto.
(foto de String Bean Jen)
