Como un joven ángel de cuerpo frágil y voz cálida, prístina y pura que le cantara a sus propios pensamientos desde la media luz tenue de un crepúsculo ya avanzado, y lo hiciera sin pensar en el cómo, en el para quién o en el cuándo, dejando aletear su memoria emotiva entre nubes blancas inflamadas en forma de barbas de pluma mientras despierta sueña escenarios casi iguales a los ya vividos, réplicas a escala mental y onírica en las que es más fácil dotar a la experiencia de un orden y de un sentido, arquitecturas plásticas entre las que perderse en plena vigilia para volver del ensueño siendo capaz de insuflar luz a los claroscuros de una vida diaria tantas veces confusa… Así se imagina uno a Russian Red cada vez que se enfrenta a este disco.